Indigente.
Indigente.
Creo que hoy me toca dormir por aquí, este nuevo cartón que encontré se ve mejor que otros, espero que sea cómodo. Ya mi espalda no aguanta más, de todas maneras aguante o no, no puede más que quejarse. Esta noche, aprovechando que el hambre no me deja conciliar el sueño, tan solo me acostare a pensar.
Que paradójica es la vida, a mi me toco así a otro quizás mejor, será que piense que lo mejor es que tengo vida pero ¿acaso tan solo eso importa? Quizás a algunos tantos si, por que no tienen por qué preocuparse pero como mantener mi vida, si la comida que la mantiene apenas y puedo sentirla en mi boca y ya este sabor tiene unos pocos días, ya me toca probar algo.
Creo que mañana, cuando los que tienen para botar se despierten buscare unos zapatos que me cubra los pocos pies que me quedan, ya ni siquiera sé si me duelen, tan solo no los siento, tan solo no me siento.
A veces quisiera que esos que me pasan por un lado que de reojo me miran y aceleran el paso, pudieran estar un segundo en mí, tan solo quisiera por un momento ser entendido, no que me den la razón de estar así, tan solo, entendido.
Por ay paso uno esta tarde, a pocos minutos de meterse el sol, que se acerco y quiso darme la bendición, ¡Hermano! la bendición dios me la ah dado siempre, mi espíritu ya está lleno, mi carne es la que reclama y ¿entonces? ¿A quién le echo la culpa?
¡Arriba presidente! que mientras yo no como a usted le duele su puesto. ¡Arriba empresario y gerente! que mientras yo soy la escoria ustedes, siguen siendo gente, ustedes pierden dinero, ustedes pierden casos, pierden horas, pierden el transporte, pierden quizás, la hora de almuerzo, yo pierdo diariamente mi vida.
Alguna vez tuve familia, en realidad, no sé si todavía la tengo, de todas formas si la tuviera, no las querría, eso no es un titulo que se da, es un titulo que se gana y si a esas vamos, mi familia es la calle, las aceras, los carros que me saludan con sus cornetas, las palomas que me roban el almuerzo(aunque a veces soy yo el que se lo roba a ellas), si a esas vamos, mi familia, son las estrellas, la luna, el sol, el monstruo que ruge en mi barriga (ese nunca me abandona)
Hoy un poco antes de llegar aquí, me encontré a Luis, el pobre ya ni puede caminar, lo salude y le dije que tenía que dejarlo, que estaba apurado si no corría me quitarían mi cama esta noche, el con un tono un poco irónico y una sonrisa picara me dijo – Tranquilo José que si te quedas sin cama, puedes pasar por mi casa - ¡Luis! En tu caja no cabemos los dos, pero tranquilo que mañana te visito.
La verdad, aunque quiera no se que tanto pueda hacer mañana, esta espalda de verdad me duele, de repente, todo me da vueltas, todavía no se si el hambre mate, no me gustaría comprobarlo pero ni modo, mañana buscare en la calle.
Al siguiente día, lluvioso por cierto, en este rincón tan solo quedo silencio, un silencio puro, espantosamente puro, espantosamente silencio, a un lado de la caja muy cerca del cuerpo tendido de José, había un pedazo de papel higiénico, en tinta medio borrosa que decía:
“Te dije que te quedaras en mi casa, quizás no era de bloque, ni siquiera de barro, pero en este mundo no te vales de los que tienen, porque estos no quieren, te vales de los que aunque poco tengan, harían lo que fuera por no verte morir.”
Gabriel García.
05/11/09
Creo que hoy me toca dormir por aquí, este nuevo cartón que encontré se ve mejor que otros, espero que sea cómodo. Ya mi espalda no aguanta más, de todas maneras aguante o no, no puede más que quejarse. Esta noche, aprovechando que el hambre no me deja conciliar el sueño, tan solo me acostare a pensar.
Que paradójica es la vida, a mi me toco así a otro quizás mejor, será que piense que lo mejor es que tengo vida pero ¿acaso tan solo eso importa? Quizás a algunos tantos si, por que no tienen por qué preocuparse pero como mantener mi vida, si la comida que la mantiene apenas y puedo sentirla en mi boca y ya este sabor tiene unos pocos días, ya me toca probar algo.
Creo que mañana, cuando los que tienen para botar se despierten buscare unos zapatos que me cubra los pocos pies que me quedan, ya ni siquiera sé si me duelen, tan solo no los siento, tan solo no me siento.
A veces quisiera que esos que me pasan por un lado que de reojo me miran y aceleran el paso, pudieran estar un segundo en mí, tan solo quisiera por un momento ser entendido, no que me den la razón de estar así, tan solo, entendido.
Por ay paso uno esta tarde, a pocos minutos de meterse el sol, que se acerco y quiso darme la bendición, ¡Hermano! la bendición dios me la ah dado siempre, mi espíritu ya está lleno, mi carne es la que reclama y ¿entonces? ¿A quién le echo la culpa?
¡Arriba presidente! que mientras yo no como a usted le duele su puesto. ¡Arriba empresario y gerente! que mientras yo soy la escoria ustedes, siguen siendo gente, ustedes pierden dinero, ustedes pierden casos, pierden horas, pierden el transporte, pierden quizás, la hora de almuerzo, yo pierdo diariamente mi vida.
Alguna vez tuve familia, en realidad, no sé si todavía la tengo, de todas formas si la tuviera, no las querría, eso no es un titulo que se da, es un titulo que se gana y si a esas vamos, mi familia es la calle, las aceras, los carros que me saludan con sus cornetas, las palomas que me roban el almuerzo(aunque a veces soy yo el que se lo roba a ellas), si a esas vamos, mi familia, son las estrellas, la luna, el sol, el monstruo que ruge en mi barriga (ese nunca me abandona)
Hoy un poco antes de llegar aquí, me encontré a Luis, el pobre ya ni puede caminar, lo salude y le dije que tenía que dejarlo, que estaba apurado si no corría me quitarían mi cama esta noche, el con un tono un poco irónico y una sonrisa picara me dijo – Tranquilo José que si te quedas sin cama, puedes pasar por mi casa - ¡Luis! En tu caja no cabemos los dos, pero tranquilo que mañana te visito.
La verdad, aunque quiera no se que tanto pueda hacer mañana, esta espalda de verdad me duele, de repente, todo me da vueltas, todavía no se si el hambre mate, no me gustaría comprobarlo pero ni modo, mañana buscare en la calle.
Al siguiente día, lluvioso por cierto, en este rincón tan solo quedo silencio, un silencio puro, espantosamente puro, espantosamente silencio, a un lado de la caja muy cerca del cuerpo tendido de José, había un pedazo de papel higiénico, en tinta medio borrosa que decía:
“Te dije que te quedaras en mi casa, quizás no era de bloque, ni siquiera de barro, pero en este mundo no te vales de los que tienen, porque estos no quieren, te vales de los que aunque poco tengan, harían lo que fuera por no verte morir.”
Gabriel García.
05/11/09
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