Peregrina


Peregrina


El horizonte es extenso. Solitario. Infinito. El mar me acompaña a lo largo del camino y con su espuma va tiñendo de blanco mis tobillos. Va tiñendo mis tobillos peregrinos.

El ave rapaz acompaña mis pasos mientras vuela… Y a su vez observa, todo lo que desde el suelo me es imposible admirar.

No hay curvas peligrosas en una autopista. No hay avisos. Sólo la advertencia de que la vida puede volverse el eco de un eterno caminar.

He perdido mi sombra. Esa que sigilosa viene y va cuando el sol se pone. Esa que se esconde y luego se luce a plena luz del día. Ya no está.

A veces veo ballenas azules dando saltos al aire. Veo como hacen nado sincronizado en el cielo, como juegan con el viento y vuelan… Vuelan junto a las aves. A veces veo como el océano se vuelve cielo y el cielo se funde lentamente con las olas.

A veces veo como todo se vuelve pangea.

Los flamencos tiñen de rosa las lagunas. Los lagartos tiñen de verde la hierba. Las medusas tiñen de luces la oscuridad. Los osos tiñen de blanco los glaciares. Los mandriles tiñen de alaridos la jungla. Y las mariposas tiñen de primavera los árboles.

La naturaleza es una gran caja de alegras matices que poco a poco se han ido agotando. Gracias al hombre, quien se ha ocupado de volver al mundo cada minuto más gris. Más blanco y negro.

Ella se está ahogando.

El silencio es cada vez más. El ecosistema se está terminando.

Si tan sólo el ser humano comprendiera que sólo hace falta callar para escuchar los sollozos de un planeta que se está marchitando.

Una vez la vi. Parecía utopía. Su cabello era de viento, de céfiro frío y acogedor. Más sus curvas de miel encajaban perfectamente en la curvatura de mis manos. Y sus ojos… Sus ojos contenían lágrimas de magma pura, cual dragón henchido de furia.

Quizás, la manera más rápida de obtener la felicidad es abrir la caja de pandora y ser paciente. Ya que ella se encuentra detrás de todas las desgracias.

Quizás también sea aceptar que no hay que buscarla… Sino esperarla.

Mi piel se ha ido volviendo escamas. El océano me llama. Ya que la tierra es tan pequeña que se me ha ido quedando escasa.

Y después de haber nadado y haberme reencontrado con la Atlántida me iré a bordo de un sueño mucho más allá del sol.

Los universos paralelos son una gran escalera que carece de principio o final. Es mucho más que sólo infinita. Suelo subir y bajar tantas veces como me place, aunque para la mayoría siempre esté en el mismo lugar.

Creo en la metafísica y en lo cuántico de todas las ciencias. Creo en que lo imposible es lo más posible que conservamos y en que la ficción es la única verdad que queda a la humanidad.

Creo también en la magia. En que existen otros seres a demás de los que en la Biblia están descritos. En los relatos de Tolkien, Lovecraft y Lewis. En que las historias puntualizadas en esos libros son tan ciertas como las incoherencias, no tan incoherentes, que suelo escribir.

¿Y por qué limitar un universo tan amplio a un mínimo de posibilidades?

El testimonio de mí día a día está escrito en las huellas que alrededor de los siete continentes he dejado.

Soy peregrina de tu cuerpo. De tus músculos, tú entrepierna, tú torso, tus brazos, tus hombros, tú rostro.

De los besos que de vez en cuando son míos. De los suspiros que exhalan nostalgia. De ese algo que tantas veces me dio placer y tantas otras se alojó en mi boca. De tu musculatura flácida e imperfecta. De tus ojos negros, tu sonrisa perfectamente blanca, de ese algo que tantas veces me hizo huir y también depender. De ti…

Aunque a veces no estés. Aunque a veces yo sí. Aunque a veces ninguno y la cobardía. Aunque a veces los dos… Y adiós.

Porque amo que anheles ese algo que me hace como todas las demás. Normal. Complicada. Ordinaria.

Y sin embargo necesito ir y venir. Ir y venir esperando que me esperes aquí. Donde sueles esperar hasta mi regreso. Donde siempre esperas que espere que me estés esperando.

Lo nuestro es más que sólo infinito. Somos ese par de agujas de reloj que a las doce están juntas y a las seis aisladas. Ese par de agujas que jamás se separan… Porque están consignadas a cumplir la misma función.

Fuimos atadas con un nudo… Un nudo que se llama destino.

Si no viajo no existo. Si no existo no vuelo. No vuelo, no soy, no eres… No somos, no vivimos, no volamos. No marcamos el tiempo, no lo hacemos, no lo construimos…

Vivamos, riamos, seamos… Déjame perseguir eso que tanto deseo y está fuera de mi alcance… En algún sitio… Entre alguno de los números…

Cuando lo encuentre volveré… Volveré a vivirte. A que dejes de esperarme. A marcar las doce, como suelo hacerlo.

Soy peregrina de relojes.

Peregrina de estrellas. De astros, de asteroides, de cometas.

Me he vuelto cambiante. Inconstante. Silenciosa. Como las fases de la luna, la marea, los sentimientos, las relaciones amorosas, el clima y la fotosíntesis. Mis facciones las moldea la brisa e incluso el timbre de mi voz cambia, el matiz de mi tez, el color de mis ojos y los lunares en mi espalda, que son como postales de piel.

Andrea López

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