Sofía
Era tan fría y temperamental la mirada de Sofía mientras lloraba, en ese preciso instante, cada auto que pasara por el frente de su pórtico se detenía a mirarla, solo para entender, para aproximarse a una breve explicación, de qué y cómo podía hacer llorar a semejante mirada de dureza. Sofía tenía un algo extraño o un extraño algo que le recubría toda su silueta de niña crecida, combinaba perfectamente sus piernas flacuchas y su cuerpo decente con esas pecas y labios provocadores que lograban crear un perfecto plan de seducción, la mirada fría tan solo le servía para repeler a todo aquello que quisiera dañarla. Pero, ¿entonces? ¿Que pudo derrotar el muro doble de contención? ¿Qué rayos pudo penetrar la mirada congelada de la pequeña gran Sofía?
Sofía decidió lentamente secar sus lágrimas, levantó sus brazos y restregó sus ojos con la poca manga que salía de su braga, era azul y tan solo colgaba uno de sus tirantes, como siempre, la bella Sofía no trataba de agradar a nadie. Agarró unos segundos de fuerza y como pudo se levanto decidida del cuarto escalón de su pórtico, el mismo donde se sentaba junto a su mamá todas las tardes antes de morir. Respiro profundo, rasco su panza, dio media vuelta y entró a su hogar.
Tan profunda era su calma, meditabunda, inviolable, la bella Sofía no quería ya a nadie, a nada, prefería mirar por horas y horas la ventana, ella sabía, que aunque no buscara, a lo lejos alguien también la miraba y la quería desordenada, dura, la quería, así, tan solo con media braga.
Así pasaba sus tardes la bella Sofía, con la ventana de su cuarto sin persianas, dejaba que su pelo volara, que se enrollara entre sus mismos rulos desordenados, caminaba al son de la música que escuchara, aveces tango, aveces tan solo rock por las tardes.
Las mariposas multicolores y las flores que volaban no podían faltar en las fiestas de su soledad, Sofía quería despegar del suelo junto a su alma, soñaba soñaba soñaba, prefería mil veces, cuatro mil, millones de veces prefería unas tortugas que no ladraran a vivir en medio de auto móviles que tan solo molestaban, Sofía quería, Sofia, siempre quería.
Lo importante de todo esto, era saber porque Sofía lloraba, era por mí, un simple ser de ojos marrones, con pelo desordenado, risueño y soñador, me gusta el rock por las mañanas y el tango solo cuando llueve. Venia siempre a visitarla, volaba desde lejos en mi aeroplano, quitaba mi casco, sacudía mis botas, y besaba a Sofía mientras jugaba, era su hombre perfecto, era su perfecto todo, no le hacía falta nada, no le hacía caso a nada.
Una vez quise volver, prendí mi aeroplano y puse mi casco. Al emprender el vuelo hacia su casa, me di cuenta que ya no pasaba, Sofía estaba creciendo y entre sus cosas y sus enredos, la bella grande ya no soñaba, desde ese día tan solo, soy un recuerdo.
Era tan fría y temperamental la mirada de Sofía mientras lloraba. Era Sofía, la grande y ahora, crecida Sofía.
Gabo Alejandro 23/07/2010
té frío
ResponderEliminar"era su perfecto todo" . me mato muy buena!
ResponderEliminarexcelente gabo como siempre!!!
ResponderEliminarGracias hermano :)
ResponderEliminarOh Rayos, excelente historia, sabes lo que me llego más fue "Sofía tenía un algo extraño o un extraño algo" y me gusto más porque mientras la leí tenia puesta la canción October and April del grupo The Rasmus... le dio ese toque mágico.
ResponderEliminarhey de nuevo te felicito, que grandioso leer a alguien con tan maravilloso gusto por el realizar historias sencillas con toque extraordinarios.
Que el Creador te llene de Fortaleza y Exito en todo lo que decidas realizar.
Gracias hermano por ese comentario, me alegra que te haya gustado! espero sigas visitándome.
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