Vagón





             Ahí estás, tan cerca, tan lejos, desconocida, ahí estás, al otro extremo del vagón tan sólo estás, inerte, como si no te importara nada, y a mí, importándome todo, me importa si me miras, aunque no te conozca, me importa si se te escapa una sonrisa. El resto de los pasajeros son intangibles, son provocadores, pero nunca provocativos, sólo están y no están, a pocos asientos, a poca distancia, estás, y como estás, con tu chaqueta que te camufla de chica seria y tu falda que te delata las piernas, como dejar de verlas.

Increíblemente subí a éste vagón deseando morir de pena, deseando desgarrar mi garganta y ahogar mis ojos en charcos de lágrimas, tan sólo bastó tu mirada, tan sólo bastó que entraras por esa puerta, por ese portal mágico que te transportó de lo mundano a mi vida.

Empecé a doblegar mi cuerpo, no quise que se levantara, pasé unas cuatro estaciones más después de la mía, y no me importa, sólo esperaba que bajaras, que fueras tú la que dieras el paso, yo tan sólo me quedé inerte, como asombrado, transparente, te miraba de reojo para que no te percataras de lo necio que estaba siendo con la mirada.

Tu tan sólo seguías ahí, regalando sonrisas a tu alrededor, sin importarte a quien, tan sólo sonreías, como demostrando, que nadie te importaba, ni siquiera yo.

Por momentos cerrabas los ojos, como para descansar el cuello, entonces, en ese instante, en ese preciso momento, el mundo enmudecía, a nadie le provocaba hablar, como si tú fueras dueña del botón que enciende las ganas ¿ O tan sólo del botón que enciende mis ganas?

Pequeña pasajera diurna, pequeña inerte, pequeña mía, pequeña extraña, se me hace conocida tu mirada, es de esas miradas con las que uno nace impresas en la mente, esa que quizás nunca se encuentra, pero con la que siempre se sueña, parece que la encontré, la sonrisa con la que me tocó  o me tocará soñar.

El metro seguía corriendo, seguía andando, mi corazón seguía enamorando la sangre con la que inyectaba adrenalina a mis venas, para cuando empecé a sudar frío, a mover mis manos de una lado a otro, como con ganas de salir corriendo, o quizás ganas de no hacer nada, cuando entonces la primera gota de mi frente tocó mis ojos, fue cuando me dije a mi mismo, no seas pendejo y mis temblorosas piernas comenzaron a levantarse, quizás para llegarte, quizás para tan sólo estirarlas, aunque conociéndome, sabía que era para lo primero, aunque dudara.

Segundos más tarde de mi decisión, tomé el valor de ir a buscarte, de repente, sin previo aviso, sin previa nota  por escrito del conductor, el metro se detuvo en la estación y ahí estabas tú, de primera en la puerta, de primera para entrar al mundo y ahí estaba yo, sofocado por el pobre aire que ya no quedaba, de ultimo, entre la pared del vagón y los pasajeros, tan sólo me dio tiempo de besar la puerta cerrándose en mi cara, de ver tu falda ondear con el viento y tu chaqueta que hacia confundirte entre el resto de las personas serias, te camuflaste, y tus piernas, dejaron de ser delatadas…

Gabriel Gacía.

Comentarios

  1. Sutil y desesperanzador...
    té frío.

    ResponderEliminar
  2. me encanto la parte del carro azul.. (?) hablando en serio es muy expresivo y a la vez melancolico (: me encanto

    ResponderEliminar
  3. jajaja, buena esa!... haré uno entonces con un carro azul para complacerte

    ResponderEliminar
  4. Es profundo, con un final incierto, lleno de pequeñas esperanzas y a la vez tristeza, donde la cobardía no dejó que fuese otra la historia... sencillamente está lleno de distintos sentimientos que se encuentran y se mezclan.

    ResponderEliminar
  5. "tan sólo bastó tu mirada, tan sólo bastó que entraras por esa puerta, por ese portal mágico que te transportó de lo mundano a mi vida."

    asi se sabe cuando una persona esta enamorada :)
    mis felicitaciones filosofo =) siga adelante no sucumba ante nada solo ante esa sonrisa y esa falda :)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares