Silvia (Segunda parte)


En estos días, ¿recuerdas? me pediste que me desapareciera de tu vida.

Por alguna razón parecía todo planificado, no por tu frialdad, si no que en este tiempo, el mundo se me voltio, de repente, te extrañe como nunca, de repente, me vi envuelto en ti, sin ti, qué buena vaina Silvia ¿cómo haces para no estar, y quererte aquí? como si fuera de un plan macabro pero fríamente calculado, todo empezaba a tener efecto, cada cosa en su sitio. Cuando entonces pienso que todo continuaría su rumbo, me llegas con unas de tus entradas favoritas, la palabra, logras, de alguna jodida manera, que termine buscando mi muerte, que termine buscando una manera de que todo se diera para hablarte, tan sólo salí un momento, tan sólo salí, como queriendo no encontrarte.

Al regresar, mis piernas empezaron a temblar, por alguna razón sentí tu presencia, por alguna razón, mi alma quiso salirse, no sé si a buscarte o quizás a huir, sólo sé que quiera salir. Al cruzar la puerta de este cualquier lugar, como era de esperarse, estabas y no pensabas dejarme pasar, me detuviste, te basto con tan sólo mirarme a los ojos y me dijiste ¿Podemos hablar? ¿Y cómo quieres que te diga que no? como quieres que ignore tu mirada y haga como si fueras un fantasma, cuando tu eres más real que mi propia realidad, cuando tú haces aunque me duela que mi triste vida, tenga sentido.

Y aquí estamos Silvia, hablemos, pero no me digas que lo sientes coño ¡Que no me lo digas! prefiero que lo escribas, así no te creo y estoy tranquilo, el problema, es que cada cosa que dices, te las creo, te las comparto, me las entierro aquí dentro y como duelen sacarlas después. Entonces Silvia ¿qué propones? te toca buscar la forma, si no te tengo, te pienso y te busco, si te tengo, te lloro y te deseo, creo que el error de todo esto, fue probarte, fue beber de tu saliva, tocarte, comer tus fantasías, si tan sólo no hubiera participado del banquete de tu cuerpo estaría tranquilo, pero me jodi, desde el primer momento en que tu aliento estuvo en mi cuello, cuando calentaste mis sentidos y mis poros te abrieron la puerta, entonces dime ¿qué hago? por que olvidarte no puedo, por que dejarte no quiero ¿entonces? responde Silvia, o acaso ¿Esta vez ya no tienes palabras? o acaso ¿Esta vez soy yo el que te dejo sin aliento?

Comentarios

  1. muy buena la continuacion de tu historia ahora si tiene sentido a mis dudas... de nuevo felicitaciones

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares