Yo no espero.


La ausencia de tus palabras debilita el ámbar marrón de tus ojos. No sueles mirar en picado cuando llueve. Suspiras lento, pausado, casi inerte. Deja de mutar tu alma de oruga. Te detienes en cada esquina y piensas. Cruzas las piernas en sentido contrario. Tu mano deja de acariciar tu mano y entonces te reconozco enmudecida, queriendo matar la muerte, detener cuantos mundos giren en tu órbita. Yo desaparezco del espacio espeso de tu ausencia, caminando en amalgama, un paso a la vez sobre las baldosas. Si la tristeza se llamara, tendría tu nombre.

Yo no espero mirarte fijo cuando las golondrinas deciden migrar al norte. Suelo quedarme a la izquierda, acurrucado en el jardín que preparas con el trozo de sábana que no usas para esconderte. Suelo quedarme. Solo eso.

No construyo más castillos en el cielo cuando dejas de sonreír. Me paralizo en parte, y dejo la atención fija en tus lagrimas. Las cuento, las enumero, las organizo en categorías alternas a las comunes. Guardo cada acento de tu gemido.

Suelo mirarte en otros planos, en otros tiempos y en otra ausencia. Esperó frío y cauto tu palabra.


"Amo dormirme en tus ojos" - A Neimarú Montiel. 

Gabriel García 


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