Esto del periodismo
Esto del periodismo.
Esto del periodismo te vuelve paranoico, la mínima expresión de la mujer, esa, la misma que tienes en frente, te hace pensar en conspiraciones, abusos al proletariado, desconfías incluso del beso que te acaba de robar, es, a pesar de una fuente confirmada, un momento que solo te tiene de testigo a vos y solo vos. Una fuente inútil podríamos decir. ¿Entonces? como podés escribir sobre ella si como periodista no podés confirmar la fuente y quien te lea solo te creerá como un inventor de historias, un seudoperiodista que solo sabe levantar injurias con tal de lograr la historia de amor que quiere, tan solo te quedas vos y solo vos, con ese beso, esa fuente que ya no es veraz y con esa historia que ya no tiene soporte para ser real, ni siquiera en un instante de inmediatez ni de esperanza.
Gabriel
García Márquez dijo alguna vez que el periodismo es el oficio más
hermoso del mundo, y el Gabo tenía razón, al menos claro, en eso del
oficio, el asunto, siempre viene a entrar en conflicto, cuando el
periodismo se te interna en los huesos, y haces de tu vida un ir y venir
de ideas, pistas, conflictos territoriales, yankees go home, socialismo
o muerte, la fuente, la pauta, la torta que te picarán cuando te
jubiles.
Pero que
te queda del periodismo cuando ya no basta con ser tu oficio. ¿Qué
cuando te levantas y no la ves a un lado? ¿Te quedás tranquilo? No, de
inmediato conspiras contra ti mismo. El beso que alguna vez ella te dio y
dudaste, cobra sentido como duda. Los contactos los revisas uno a uno,
como tratando de recordar cual de todos tus amigos jefes de prensa,
directores, espías e investigadores, podría tener la leve pista que
necesitas para tomar tu cámara y salir a buscarla.
Te detienes un momento, recapacitas, quizás salió a tomar aire fresco, quizás.
Gabriel García

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